Hoy te soñé
Soñé que te suplicaba fueras a comer con nosotros, vi en tus
ojos esa tristeza de la nostalgia, del “no te quiero fallar”, del “yo también
te extraño”, y del “yo también a veces te siento lejos”.
Hoy recordé aquel sueño que tuve cuando chiquilla y que mi
mamá te contó, no te había visto en varios días y soñé que te morías, tuve
miedo, eras tú dejándonos, no podría soportar tu ausencia, me dolería, eras
todo, por fortuna sólo fue una pesadilla, ese tarde llegaste y me abrazaste y
me llenaste de besos y me dijiste “hija aquí estoy”, ¡Que confortable saber que
aquí estas!
Últimamente he recordado lo fresco de tu piel cuando te
terminabas de bañar, no importaba que estuviera haciendo mucho calor, tú
siempre salías fresco, y entonces yo me aprovechaba, corría abrazarte, corría a
tus brazos, y tú en tremendo alcahuete me cargabas, no podías negarme un
cariño, porque me amas infinitamente.
Me gustaba recostarme en tu panza, sentir como respirabas,
aun cuando roncabas mucho, me encantaba sacarte la barba, esa sensación de
apoyarte en algo.
Disfrutaba esas tardes después de que comías y te sentabas
afuera a leer el periódico o escuchar el beisbol por la radio, la “M Grande de
Minatitlán”, una estación de A.M. Para
ser sincera en ese tiempo me aburría que te entretuvieras en esas cosas, pero
estar a tu lado era mejor que ver la televisión, tú me contabas tus cosas
(aunque yo no las entendiera) y yo te
contaba mis cosas (aunque fueran de kínder o de primaria).
Nos comunicábamos muy bien, siempre, siempre me hacías
sentir que podía lograr lo que quisiera, (aun lo haces) me preguntaba ‘¿Por qué
lee el periódico, son muchas letritas y pocas imágenes, que aburrido?’, ¡Que
ironía no? Ahora yo escribo esas letritas, te volviste en mi fan número uno en poco
tiempo, me festejabas mis logros y con
mis errores me hacías reflexionar, y yo hasta ahora me pregunto ¿Quién te
enseño hacer el mejor papá? Sabes tanto, sabes cómo decir las cosas, sabes cómo
ubicarme, ¡Wau, eres tan extraordinario!
Tengo tantas cosas que contar de ti, aun me parece increíble
tu relación con un personaje popular de la televisión y de la música “Chico Che”,
no puedo creer que lo conocieras, más aun que fueras “su cuate”, fue hasta que
me presentaste a Eugenio Flores que te creí, perdóname por eso, tu siempre has
creído en mi, y yo tuve que ‘ver para creer’, muy mal por mí.
Tu baile chistoso, tu bigote necesario, tu mecanografía, tus
diarios que jamás podré leer, tus anotaciones sobre soldadura, tus letras
góticas, el beisbol, la radio, ¡Uta cuantas cosas me gustan de ti! Y ¡Cuantas
soy gracias a ti!
Quiero conocer Guanajuato, y es que desde que me contaste
como era, me enamoré de allí, y tengo que ir, está en mi lista de cosas por
hacer antes de morir, (aunque no sé dónde está esa lista)
Los desayunos y comidas los fines de semana eran ‘la onda’,
madrugabas para ir por la comida, y de regreso, cuando yo me levantaba, ya había
jugo de naranja recién hecho, y totopos de fríjol, además de café con leche, el
asador ya estaba casi listo y los ‘pejes’ o mojarras preparadas para asar.
¡Eras el súper chef! Y disfrutábamos eso, obvio todo con
ayuda de mamá.
Fuiste el primero en probar una comida guisada por mí, (ese
mole con arroz que eche a perder porque mamá me forzó a cocinar y lo hice
llorando) tu dijiste “hija esta sabroso”, y me pediste más, yo sabía que el
sabor era espantoso, y te ame por ese gesto.
Podría contar mil cosas de ti, millones, podría contar
nuestras anécdotas y las miles de anécdotas que me has contado, me encantaría estar
más cerca, a veces este factor distancia me vuelve loca, hoy te soñé, y te
extrañé mucho, siempre te extraño, es sólo que hoy fue más intenso, fue como
cuando tuve ese sueño de niña, bendito sea Dios, estas aquí, siempre estará aquí,
lo sé.
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