Poncho llegó con la ilusión de hacer el mejor de sus
trabajos, nos contagió todo ese entusiasmo y amor por la reporteada, por el
periodismo, por el “escribir”, era agradable, nos inspiraba era un líder sin
duda.
Sim embargo no contó que la envidia y la perfidia de ciertas
personas lo arrastrarían haciéndole la peor de las jugadas, Poncho solía
quejarse del calor, de lo pequeño de la ciudad, esto era como un rancho para
él, comparado con la capital de México cualquier cosa queda pequeña a su lado.
A veces pensaba que él no quería estar realmente aquí, pero
cuando se trataba de trabajar, me demostraba lo contrario, transpiraba amor por
lo que hacía, sin duda había pasión y amor por su trabajo, por eso yo lo
admiraba.
El día que nos dieron la mala noticia de que había presentado
su renuncia, no lo podía creer, ¿Cómo era posible que Poncho hubiera decidido
irse? En cuanto pude hablar con él lo entendí, la situación era hostil, y la
verdad que un hígado no tiene por qué aguantar esas porquerías de la vida, a su
partida lloré mucho, se iba el hombre que admiraba profesionalmente y el amigo que me regreso la confianza, yo a
Poncho le debía mucho.
Días después de su partida surgió un mal entendido que nos
llevó a terminar con nuestra amistad, él me trató de la peor manera, y que
obvio yo no lo merecía, me sentí muy mal y no podía entender qué paso, sin embargo
al paso de los meses di por cerrado ese ciclo con él y me quedé con lo bueno,
con las oportunidades que él me dio en su momento y con lo mucho que me enseñó
de esta profesión.
Pensé que él tenía problemas difíciles a su regreso al DF,
como la falta de empleo, después de haber dejado su trabajo por una oportunidad
que parecía genial, regresarse sin nada no era el mejor de los comienzos, yo no
podía imaginarme lo injusto que era eso, cuando él había sido el mejor de los
jefes para mí.
Hoy cuatro años después siento que la historia se repite,
pero ahora yo sería un poco como ese Poncho al que tanto admiré, hace un año y
ocho meses decidí irme y dejar lo que tenía porque la propuesta laboral parecía
ser mejor, nunca me sentí parte de aquella ciudad, siempre critique lo pequeña
que era y sí también el calor.
Nunca encaje, fueron pocos realmente pocos los que llegaron
a apreciarme, y sí nuevamente de manera inexplicable la persona en quien más
confiaba resultó decepcionarme.
Hoy quizá, me siento más como Poncho a su regreso a casa,
sin empleo y decepcionada, pero supongo que sí el recuperó su vida y ha salido
adelante y le ha ido bien, creo que de igual manera deberá irme, a su tiempo,
en su momento, primero Dios así será.
Saludos Poncho! (aunque ya no seamos amigos)