viernes, 19 de octubre de 2018

“Te amo, arréglalo”

Él se negó a aceptar sus sentimientos, era más cómodo dejarle la responsabilidad a ella, el amor conlleva responsabilidad y a nadie le gusta hacerse responsable, porque de salir algo mal habría que cargar también con la culpa.

Así que ahí, entre todo su desastre emocional, se dio cuenta que su amor por ella era algo que podía delegarle y le dejó esa responsabilidad a ella. Sin embargo, eso no sucedió, ella estaba clara, lo amaba, pero no podía hacerse responsable de los sentimientos de él, sabía con seguridad que él la amaba, pero también tenía la madurez para aceptar que en ese momento él estaba incapacitado para asumir sus sentimientos, así que se retiró. 

Más allá de tener un dolor por la separación, tenía la aceptación que había hecho hasta donde podía. “Te amo”, esas dos palabras estaban cargadas de fuerza, de poder, de trascendencia en el momento que se las dijo. 


Lo que le parecía triste es que él no tuviera la capacidad de darse cuenta cuánto amor tenía ella para él, y que si bien era cierto que no podía recibirlo, debía conocerlo, saber que existía. En fin, era una historia que a ella no le hubiera gustado que acabara (pese a ser adicta a los finales y las huidas) y esta vez sí tenía que terminarse, debía haber un punto final.

Pd. Su respuesta fue: Te amo, no hay nada que arreglar, nada está descompuesto, éste amor funciona bien.