viernes, 28 de junio de 2013

“Ese día nos encontramos las dos, y teníamos algo en común, la cara de perro”…

A veces es de lo más complicado ver a los ojos a tu mejor amiga, porque te conoce a la perfección y sabrá cuando algo no está “bien”, sin embargo hay un momento en la vida de las personas (cuando llegamos a adultos con responsabilidades) que se vuelve difícil ver a los amigos, por ello el momento en que se da la oportunidad de saludarlos, no hay que dejarlo pasar, no importa que ese día traigas ‘una cara de perro’.
Mi gran sorpresa ese día, fue ver que Kely, traía igual ‘cara de perro’, como yo, es más si hubiéramos hecho una competencia, habría sido difícil elegir ganadora, a las dos nos había ido simplemente de la chingada.
Qué cosas de la vida ¿No?, coincidir con una mala pasada de la vida, ambas con nuestros problema y lamentaciones, logramos ese día al menos sentirnos mejor, exponiendo las malas experiencias de los últimos días y aplicamos (para sentirnos mejor), ver lo jodido que estaban otras personas, ¡Ja!, ‘digo, siempre hay alguien más jodido que uno’, a veces tomar esa perspectiva es la única manera de sentirse mejor.
Pero lo que realmente hizo sentirnos mejor esa tarde, fue saber que pese al paso de los años, siempre habrá alguien con quien compartir esos momentos, aunque sólo se compartan en silencia, un café y un buen cigarro.
-Un vicio por otro…-
Y es así, yo odiaba fumar, el olor, el remordimiento de conciencia de generar algún cáncer, pero la realidad es que ya tenía un cáncer en mi, el cáncer de mis malas decisiones en relaciones ‘de pareja’, si a eso se le podía llamar pareja, 10 años de tropiezos y malos resultados, de equivocadas personas, una peor que otra,  y no por ellas, sino por mí, mi error al involucrarme con ellas y la terrible sensación de perder a dos hombres por los que hubiera dado más y por quienes pude haber sido mejor.
Así que ya con un panorama de 10 años pésimos, de un cáncer amoroso, no encontré mejor quimioterapia que la escritura, los cigarros, la música y sobre todo la soledad.
Sí la quimioterapia me hacia llorar, y también perder el cabello, pero era preferible un poco de eso, a perder la fuerza de voluntad y equivocarme otra vez.
Estado civil: soltera (por convicción)
Esa era mi meta a corto plazo, quizá a mediano también, diagnostico; enferma del corazón.
Quizá sea una enfermedad terminal, o una infección que no he podido erradicar, los médicos no han podido dar con la cura, así que me he enfocado a buscarla yo sola, eso sí, con la ayuda de los amigos, que por nada del mundo me han abandonado en mi agonía, pero pensando en que no es justo para nadie cargar con esta enferma, la soledad vuelve a ser la única solución, ‘7 años en el tibet’, ¿No suena mal?
Un salto de fe
Este es mi salto de fe, sujetada únicamente por Dios, en quien confío y sí quien es el único acompañándome en todo momento, el único que no quiero que se aleje, y a quien quiero tener a mi lado, porque sé que él sí puede soportar todo.
Soltándome a la vida
Eso hago, soltándome a la vida, como si ya no hubiera nada que perder, porque ya estaba pérdida, y encontrarme sería la recompensa más hermosa, de este abandonamiento de mí.