Abrí la hoja de Word, puse particular atención en el clic
del mouse, observe la hoja en blanco y tuve un poco de nostalgia por el papel,
pero las ganas de “teclear” ya estaban, así que comencé.
Estoy en la montaña rusa, es muy alta, empinada, no sé en
qué momento me subí, pero ya llegue a esta parte alta, y puedo ver todo desde
aquí, veo esa enorme ‘bajada’, casi puedo presentir la sensación de vomito, veo
también el paisaje alterno, arboles a lo lejos, tanto verde, tanta vida, hay
unas nubes acolchonadas en el cielo, me da ganas de treparme en ellas y
brincar, no se puede, se ven los edificios altos, la modernidad y entonces hago
esa mueca de desagrado, repudió lo que hemos hecho como “humanidad”, bajo la
mirada, y siento el viento en mi cara, y recuerdo aquella frase…
“el viento, creo que es la forma en que Dios me habla al oído”,
o algo así.
Levanto de nuevo la
mirada, muevo la cabeza en negativo, y sé que me voy a dejar llevar, no tengo
fuerzas, no puedo bajarme de esa montaña, ya estoy arriba, así que tendré que
bajar precipitadamente como sólo se puede bajar una montaña rusa, con todo y
sus vértigos.
Trago saliva, ‘¿Y si el seguro no funciona?’, ‘¿Y si me
caigo?’, qué más quisiera, caerme y quedar ahí sería como siempre mi salida fácil,
un favor, que no se me hará, no, yo tenía que bajar esa montaña como sus
consecuencias estaban dictadas y previstas.
Sé que es exactamente que va pasar, y la verdad es que es la
enésima vez que me subo a esta montaña, ya no la disfruto, es lo que sé hacer,
casi hasta sé en qué momento sentiré el subidón en el estomago, esa sensación
de que algo adentro se contrae, pues bien, ya aquí arriba, no me queda más que
sujetarme el cinturón.
Me fijo si está bien puesto, ‘es una enorme montaña, para no
compartirla con nadie, pero honestamente, nadie merece estar aquí a mi lado’, para
bien o para mal, creo esta mejor estar sola.
Toco el barandal, las manos me sudan, pero sé que no debo
temer nada, estoy seca, este sentimiento de no tristeza, de no felicidad, de no
nada, cómo se le llama a eso, me pregunto, siento nada (sentimentalmente
hablando), pero siento el viento en mi cara, eso me gusta, y las nubes, y los
arboles, ahí estoy suspirando sólo por eso, respirando, me escucho respirar, y
pues ahí viene.
Cierro los ojos, no es necesario abrirlos, ya sé lo que va
pasar, y yo sigo sintiendo nada, aquí voy ya, en picada.