sábado, 28 de abril de 2012

En algún lugar...

Escribir de amor publicamente, es algo que sencillamente no hago, pero la pesadez de lo que siento por ti me lleva a tal punto, que sólo necesito decir lo que siento...
Sé que simplemente eres un imposible, un sueño (aunque mas bien a veces pareces una pesadilla, ante el hecho de que no podemos estar juntos).
Decidir alejarme de ti, fue lo mejor que pude haber hecho, de eso no me cabe duda, no sería yo quien cargaría con un sentimiento de culpa, pero ante esa decisión, mi convicción no me ha alcanzado para no extrañarte, para no pensar en besarte, para no querer abrazarte, para no verte a los ojos.
Mi fuerza de voluntad ha sido la que peor parte se ha llevado, tener que controlarme ante ti, ¡Vaya que ha sido todo una muestra de la fuerza de voluntad que tengo! Pero eso no quita o elimina lo doloroso que es saberte "lejos".
Mi inconsciente se ha revelado y se ha atrevido a meterte en mis sueños estas ultimas noches, en donde tampoco puedo tocarte, y eso ha venido a resaltar cuanto me duele quererte.
¿Si te deseo lo mejor? ¡Claro que te deseo lo mejor! No hay noche que no piense en que Dios debe bendecirte, y hacerte el hombre más feliz, cada cosa buena que te pasa, me hace sentir bien y doy gracias por ello.
A veces simplemente quisiera pelearme contigo y que así te salieras de mi vida para siempre, pero que eso sucediera  me haría desearte lo peor del mundo y no podría porque además de ti, amo lo que es parte de ti y eso podría verse afectado ante mis malos deseos, por ello no debemos llegar a ese punto.

¿Que si me dan celos? ¡Muchos! Aun estoy molesta porque me enteré de cómo te atreviste a decirle a alguien más,  te quiero, pero eso será tema que después te haga saber, pero con todo y eso, no te odio, ni te deseo ningún mal.

Si pudiera dejar de amarte como te amo, todo sería más fácil, podría mirarte sin sentirme culpable, podría ser realmente libre.
 No te imaginas cómo te has atravesado en mi vida y cómo involuntariamente me has lastimado, como sin saberlo me dueles.

Yo quisiera no haberte conocido jamás, alejarme a tiempo de ti, pero la vida por alguna estúpida o incompresible razón me ha llevado a tu lado... Y disculpa si te duelen mis palabras, jamás me atrevería a lastimarte, sólo que la rabia y el coraje es con mi corazón que esta obstinado a ti.




jueves, 26 de abril de 2012

13 años, la mitad de mi vida... LICO

Hoy me enteré que el cotorro que había sido nuestra mascota desde que yo tenia alrededor de 13 años (sino es que menos) ya no estaba, mi mamá en algun arranque (que no me explico) lo regaló.
Lico, así le llamamos, porqué, no lo sé, pero así le decíamos, realmente nunca aprendió muchas palabras, pero era su habilidad para responder en el momento adecuado lo que me asombraba.
Cuando el llegó, yo tenia 13 años, la mitad de edad que hoy tengo, en ese tiempo la casa era más alegre, y la vida menos complicada, me la pasaba soñando dormida y despierta, soñaba con ser locutora, con conocer artistas, y mil cosas más, no me había enamorado y tampoco había besado a nadie en la boca.
Cursaba la secundaria y mi grupo de mejores amigas en ese tiempo, estaba apenas por conjuntarse, las "BLED".
La ETI 96, lugar donde estudié la secundaria, era fascinante, todas las tardes eran divertidas, no había día en que no me cansara de reír, la vida era simple y feliz, muy feliz, no teníamos que preocuparnos por caminar a las nueve de la noche por la avenida, y todos los martes corría a mi casa para ver "Otro Rollo" con Adal Ramones, ¡Era genial!
Lico al principio no fue aceptado por mi papá, pero entre mi hermano mayor y él, le enseñaron malas palabras, hasta que un día tras ser molestado por mi papá, el cotorro respondió a la "agresión", diciéndole "¡Puto!", en ese momento supe, que él podía defenderse ante la vida y que sabía en que momento abrir el pico.
No sólo es un cotorro que disfrutáramos mis papás, mis hermanos y yo, mis amigos mas cercanos también interactuaron con él.
Cuando veía a alguien cerca del portón o escuchaba que tocaban a la puerta solía decir, "ahorita va",  pero también los nuevos integrantes de la familia pudieron convivir con él, como mis tres sobrinos.
Lico también vivió la boda de mis hermanos, la separación de mis padres, el encierro de mi hermano, las tristezas de mi mamá, mi ida a la universidad, las tardes tras la reporteada, simplemente era genial que después de todo un día bueno o malo, al llegar a casa alguien te recibiera diciéndote "Lico", y que decir de cuando se reía, porque sí se ríe como yo, y hasta tose como yo, saber que no estará la próxima vez que llegue a casa me pesa, fue media vida compartida con él.