sábado, 13 de septiembre de 2014

De esos días… de estas noches

Días o  noches en los que me siento extrajera en cualquier lugar, sin ancla, sin respaldo, sin nada, sola pues, ese sábado en que se te revela todo y entonces entiendes que desde chica te ha costado encajar, porque la gente a tu alrededor no acepta la locura como una forma de vida y te parece aburrido y triste.
Ya ni sé en qué espacio podría sentirme en mi hogar, entonces recuerdo cómo para alguien tan lindo es fácil sentirse en su hogar…
“Ya aquí en el hogar”, mencionas con tanta confianza y seguridad, que me despierta la curiosidad de conocer cómo es ese espacio al que llamas hogar, que niño tan bonito has resultado a la distancia, yo siempre me enamoro a la distancia, de lo que no puedo tocar, quizá porque me da miedo que eso tangible se termine, así que mejor no comenzar.
Pero aquí estoy perdida en la redacción, al menos con las letras me siento cobijada, y me consuelo con la música imaginando que viajo en carretera entre montañas y barrancos y nubes coquetas.
Me siento prisionera, sofocada, quiero llorar, quiero sentirme parte de algo, de alguien, no hay, lo peor es que esta vez ni una barra de chocolate me puedo comer, y como se me antoja una, ahora que necesito un poco de dulce en mi vida, porque traigo un amargo atravesado en el pecho que se siente mal.
Quiero vivir, y creo eso hago, pero estos baches me hacen pensar si es el camino correcto, si estoy haciendo bien en esperar o si como siempre debo salir corriendo hacia mi libertad, tranquilidad y eso que me haga sentir feliz o por lo menos tranquila.
He tratado de no ser atrabancada, pero la neta me muero de hacer una locura, sacar todos lo vicios y convivir con ellos esta noche, que me maten de una vez para morir feliz aunque se me acabe el tiempo, luego reflexionó creo que debo tener más paciencia, más, mucho más.
Sábado por la noche, lo que daría por una noche lluviosa, mis vicios y esa plática genial, ¿por qué no?, hasta un beso y esas miradas a las que una simplemente no se puede resistir…

#Noches

miércoles, 4 de junio de 2014

En picada


Abrí la hoja de Word, puse particular atención en el clic del mouse, observe la hoja en blanco y tuve un poco de nostalgia por el papel, pero las ganas de “teclear” ya estaban, así que comencé.
Estoy en la montaña rusa, es muy alta, empinada, no sé en qué momento me subí, pero ya llegue a esta parte alta, y puedo ver todo desde aquí, veo esa enorme ‘bajada’, casi puedo presentir la sensación de vomito, veo también el paisaje alterno, arboles a lo lejos, tanto verde, tanta vida, hay unas nubes acolchonadas en el cielo, me da ganas de treparme en ellas y brincar, no se puede, se ven los edificios altos, la modernidad y entonces hago esa mueca de desagrado, repudió lo que hemos hecho como “humanidad”, bajo la mirada, y siento el viento en mi cara, y recuerdo aquella frase…
“el viento, creo que es la forma en que Dios me habla al oído”, o algo así.
 Levanto de nuevo la mirada, muevo la cabeza en negativo, y sé que me voy a dejar llevar, no tengo fuerzas, no puedo bajarme de esa montaña, ya estoy arriba, así que tendré que bajar precipitadamente como sólo se puede bajar una montaña rusa, con todo y sus vértigos.
Trago saliva, ‘¿Y si el seguro no funciona?’, ‘¿Y si me caigo?’, qué más quisiera, caerme y quedar ahí sería como siempre mi salida fácil, un favor, que no se me hará, no, yo tenía que bajar esa montaña como sus consecuencias estaban dictadas y previstas.
Sé que es exactamente que va pasar, y la verdad es que es la enésima vez que me subo a esta montaña, ya no la disfruto, es lo que sé hacer, casi hasta sé en qué momento sentiré el subidón en el estomago, esa sensación de que algo adentro se contrae, pues bien, ya aquí arriba, no me queda más que sujetarme el cinturón.
Me fijo si está bien puesto, ‘es una enorme montaña, para no compartirla con nadie, pero honestamente, nadie merece estar aquí a mi lado’, para bien o para mal, creo esta mejor estar sola.
Toco el barandal, las manos me sudan, pero sé que no debo temer nada, estoy seca, este sentimiento de no tristeza, de no felicidad, de no nada, cómo se le llama a eso, me pregunto, siento nada (sentimentalmente hablando), pero siento el viento en mi cara, eso me gusta, y las nubes, y los arboles, ahí estoy suspirando sólo por eso, respirando, me escucho respirar, y pues ahí viene.

Cierro los ojos, no es necesario abrirlos, ya sé lo que va pasar, y yo sigo sintiendo nada, aquí voy ya, en picada.