lunes, 20 de agosto de 2012

Y en la siguiente hoja...

Decidí cambiar la pagina, en este libro abierto que siempre he sido, continuar escribiendo, seguir la novela periodística o romántica, la crónica de algún destino anunciado...
"Lo que te hace falta a ti, es una buena arrastriza", dijo, "quizá", pensé, quizá sí me hacía falta hacer el amor,  me hacía falta entregarme totalmente, la cosa era que no había alguien que me hiciera sentir así... no había, tiempo pasado.
Un día desperté queriendo comer higos, de esos que cortábamos con mis hermanos en nuestros años de infancia, pude sentir el agridulce de esa fruta y con nostalgia sonreí, ya no eran seis años los que tenía, ya habían pasado 20, mi papá llamaba más seguido, estaba al pendiente, extrañándome seguramente como yo a él.
Mi mamá , se había conformado con mis historias a medias, esas de "ese muchacho que es mi amigo y al cual admiro", mientras me guardaba la parte de la historia que decía "y sus besos me vuelven loca"...
Había conocido de la nada a un tipo que sí me hacía volar, o que al menos me hacía sonreír más de la cuenta  , el tipo que me recordó que yo bailaba bajo la lluvia, reía a carcajadas y cantaba a gritos.
El tipo que me hacia besarlo entre la multitud sin importar que las señoras que salían de la iglesia nos vieran feo.
Un día desperté y seguía soñando, desperté y caminaba entre nubes, era mágico, suave, delicado, ligero, sentí que volaba, que me era inevitable sonreír, mirar al cielo y sonreír, mirar las montañas y sonreír, ver el tedioso trafico y sonreír, ¡Que buen sueño! ¡Que buenos besos! ¡Que bien que te colaras esa noche!

Canté todas las canciones ese día, las cursis, las alegres, las 'salvajes', me reí de las canciones de "dolidos" y pensé: "en una noche, puede haber 100 dolidos cantando más de 5 veces la misma canción de despecho, ¡Que dolidos!".

Y te veía y sonreía, "¡Como se me antojan los higos!", pensé más veces, suspiré y seguí sonriendo...