Coatzacoalcos 3 de marzo 2014
La teoría de Jorge...
Ha transcurrido un mes del secuestro de Goyo, muchas cosas
han sucedido, pero también muchos pensamientos han pasado por mi mente.
Cuando comenzaron las agresiones fuertes ( y digo fuertes
porque realmente siempre han existido las agresiones hacia el oficio
reporteril) hacia los periodistas, pasaron un par de años para que me tocara
vivir en "carne propia" tales agresiones, puedo decir que fui
amenazada de ser detenida por un fiscal de Palenque, Chiapas, sólo por ejercer
mi labor de reportera, la misma fiscalía le pidió mí salida al que era mi jefe
(y buen amigo en ese tiempo), amenazaron
con demandarme a modo de intimidación, y un "buen" día estuve a punto
de ser levantada, pero por obra de Dios (porque sé que fue gracias a él) no
sucedió.
Obvio no me quedé a averiguar de qué sería capaz la gente
con tal de que ya no siguiera de reportera en ese lugar, eso ocurrió en marzo
del 2012, ese mismo año, mataron a Regina en Xalapa, Veracruz. Me dolió tanto,
no conocí a Regina, pero desde aquel día en que intentaron levantarme, en mi
mente y alma pasaron las terribles imágenes y sensación de lo que me pudieron
haber hecho. Así que cuando supe lo de Regina, lloré, me dolió, pobre Regina,
cuanta crueldad hubo con ella, cómo debió haber sufrido. Siempre he sido
empática y perceptiva, ponerme en el zapato del otro se me da, más si me siento
identificada, por eso Regina me dolía, era mujer y reportera como yo, sus
sueños la llevaron a su pesadilla, luchar por sus ideales le dio como
consecuencia una muerte no merecida.
Tuve miedo, mucho, así que empecé a tener un bajo perfil,
dejé de hacer preguntas incómodas, deje de investigar temas de interés e
impacto, me daba miedo andar sola, y no salía después de oscurecer, a veces
apenas y metía la grabadora con funcionarios de fuerte influencia o poder a fin
de que no se me fuera a salir el instinto reporteril y terminar cuestionando
con preguntas incómodas que me volvieran blanco de agresión, nadie sabía nada,
de hecho pocos saben que había sido víctima de ello, a penas y se lo conté a
mis amigos cercanos y es que Jorge (mi jefe y amigo) me dijo que no dijera nada
a nadie.
La teoría de Jorge es que entre más se habla de las
agresiones a periodistas o reporteros o prensa, mas agresiones hay, "entre
más lo dicen, la gente que lo ve se da cuenta que nadie hace nada por
ayudarlos, salvarlos. Entonces se vuelve fácil agredir a un reportero, porque
el agresor no recibirá castigo", así dice Jorge. Así que yo veía las
noticias y las quejas de otros compañeros en sus agresiones y nadie hacia nada,
pensé "Jorge tiene razón" y me callé.
En abril del 2013, un año después de mi experiencia, viaje
al DF a buscar trabajo, y de pronto otra realidad entró en mí, los bajos
salarios, ganar 3 mil pesos por arriesgar tu vida, ¿Que rayos? ¿Cómo es posible
eso? ¿Cómo puede uno por ahí arriesgando la vida por un bajo salario y sin
prestaciones? ¿Qué clase de vida es eso? Me decepcioné, entristecí.
Estaba desempleada, y muy triste, hasta deprimida por la realidad
de una profesión que amo, me quedé sin presupuesto y tuve que volver a
Veracruz. Jorge mi exjefe y aun amigo en ese tiempo, me ofreció de nueva cuenta
empleo, era regresar a Palenque, él dijo que esta vez no andaría reporteando,
que mi trabajo seria más en la redacción, acepté porque pensé que no tenía otra
opción, la realidad es que yo había renunciado a ese trabajo por problemas de
dinero (no me pagaban) y un poco personales, así que no duré y en dos meses
renuncié, regresé a Coatzacoalcos otra vez sin empleo, y triste, con la idea de
ya no dedicarme a reportear porque a diario veía y leía sobre agresiones a
periodistas y pensaba en que Jorge tenía razón, su teoría era cierta, nadie era
castigado por agredir y eso volvía a los periodistas un blanco fácil, sin
protección.
Estuve tres meses desempleada, busqué trabajo de algo que no
fuera reportera, pero la economía me orilló a llevar mi CV a los medios, y un
buen día me llamaron de mi antiguo empleo, así que acepté, necesitaba el
trabajo y consideré que laborar en Coatzacoalcos no corría ni un riesgo, además
seria reportera de deportes, editora de información general y dos días a la
semana haría la guardia policiaca, esto último quizá fue lo único que no me
latió, porque desde el 2009 los niveles de inseguridad en Coatzacoalcos son
terribles (crimen organizado, extorsión, secuestro a migrantes, secuestros en
general, ejecutados, en fin) pero jamás había habido problema, de que los
"malos" te llamaran para pedir que no sacaras la nota no pasaba, así
que acepté, comencé a hacer las guardias y me topé con dos buenos compañeros de
otros medios que al igual que yo hacían la guardia, Miguel y "El
Pantera", Don Goyo. Era divertido a veces no había notas, y nos la
pasábamos platicando de cosas triviales, Goyo molestaba a Miguel que siempre
andaba de enamorado, y a veces de broma me lo ‘encaretaba’, "si quieren
los dejo solos" nos decía en broma, nos reíamos mucho, todo estaba bien.
Aunque cierto era que al estar ellos directamente en la policiaca, ellos
corrían riesgo. Entonces un día los navales agredieron a Miguel, me dio coraje,
es un chamaco, pero bueno no pasó del susto, lo peor es que a Miguel su medio
no le pagaba, siempre lo regañaba por eso, aunque don Goyo le decía que pos iba
a aprender de estas experiencias. El último día que lo vi, como siempre reímos,
me bromeo que le tenía que invitar un refresco la próxima vez que lo viera, fue
un jueves.
Al Miércoles siguiente, un 5 de febrero, me desperté con un
mensaje desesperado de un amigo avisándonos del ‘levanton’, eran antes de las
7:30 de la mañana, se habían llevado a Goyo, a partir de ahí fue horrible y
como una "cruz" recordé la estúpida teoría de Jorge, otra vez, otra
vez estaba sucediendo, lloré y decidí que teníamos que hacer algo, que no
podíamos callarnos y que no podían llevarse a Goyo y ya, quedarse como si nada,
no recibir castigo, es que pensé "si hubiera sido yo", ese miedo que
tuve cuando vi la Van blanca abriendo la portezuela lateral a punto de subirme,
me recorrió ese miedo, me hizo sumarme al reclamo porque apareciera Goyo, vivo,
porque así lo queríamos, no podíamos callar, hay cosas que no se deben callar,
pese a que los que tienen el poder quieran callar lo que se grita en hechos, a
veces pienso que si no hubiéramos hablado a Goyo ni siquiera lo hubieran
buscado, no sabríamos nada de él, fue la presión que ejercimos la que hizo que
lo hallaran, aunque tampoco sé si en algún momento hubo posibilidad de que
regresara con vida, es triste todas esas noticias de agresiones, esas cosas que
parecían tan lejanas me llegaron hace dos años, en el 2012, y no es fácil
aceptar esta realidad, en donde no sabemos si mañana se llevaran a otro amigo o
uno mismo, y no hablo sólo de los reporteros o periodistas, si no que hemos
llegado a tal grado que un día te levantan y nadie dice nada, y entonces me
pregunto ¿Vale la pena quedarse callado?
Me voy a quitar el luto Goyo, pero te aseguro que perderte a
ti (Goyo), a Regina, y la paz que teníamos, eso siempre me va a marcar el alma,
son cosas que no se olvidan, es una triste realidad y espero que no pase más,
aunque no hay la seguridad de algo así.
Epílogo
Febrero del 2016
Aunque ese texto lo escribí en 2014, la cifra de periodistas asesinados ha crecido, por desgracia. No hay garantía de cuándo pare esto, tal parece que
algunos creen que matar periodistas es callar las realidades, duele, duele
mucho, mi reconocimiento a todos aquellos que a diario luchan por ejercer esta
labor de forma ética, y profesional.
Yo no hago ya información general, ni policíaca, pero no
significan que no me duelan todas esas muertes e injusticias.
En paz descansen cada uno de los compañeros que pagaron un alto precio, por el amor a su profesión.