“Tus manos son
mi caricia, mis acordes cotidianos, te quiero porque tus manos, trabajan por la justicia”, Mario Benedetti.
Mis minutos…
“Si pudiera guardar cada abrazo que me das, lo haría, para sacarlos
cada vez que necesito sentirme protegida por ti”...
Dicen que el tiempo
es sabio, tan sabio que cada recorrido que hago en él, para tenerte así, lo
vale todo.
Ya no sólo es José Alfredo, la luna de octubre, y el frío de
San Cristóbal lo que me recuerda a ti, estas al menos una vez a la semana en
mis sueños, colándote contra mi voluntad, y yo ya he optado por quererte lo que
te tengo que querer.
No sé realmente si un día me abraces mas de unos minutos,
pero por lo pronto me quedo con ellos, son míos y tuyos si así lo quieres. Yo los
tengo en el alma, a veces pienso que en las noches sale de mí y se encuentra
con la tuya en un lugar donde se fusionan.
Se han hecho una, más de una vez, y me imagino que tu también lo sabes, que no soy la única que
vaga eróticamente por la noches lejanas a ti, pero en ti.
Quererte es inevitable, respirarte, mirarte, ese juego que
hacemos de mirarnos mientras el otro no nos ve, tú me miras y yo finjo que no
te veo, entonces tu desvías la mirada y es cuando yo te observo, veo tu manos,
tus pies traviesos y tus líneas de expresión que me gustan tanto.
Tus pies traviesos, ¡Me gustan sabes?, esa acción que haces
sin pensar, es tu naturaleza, tu sencillez reflejada en tus pies.
Voy a coleccionar cada gesto tuyo, cada detalle, los voy a
guardar como la más deseada fortuna, y es que me enriqueces con cada caricia,
con tus manos en mi cintura rodeándome, con tu fuerza, esa fuerza que me
enciende. Voy a guardar esos minutos como diamantes, para amarte cada vez que
se pueda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario