sábado, 11 de abril de 2020

“Todo va a cambiar”

Hace mucho que no escribo, de nada, ni de mí, ni de cómo me siento, ni de lo que pienso, ni lo que me pasa, tampoco escribo qué pasa en el mundo, ni de noticias, hace mucho que me he alejado del papel, del teclado para redactar, creo que hoy debería hacerlo, ahora, al rato, mañana, pasado mañana, así continuamente, creo que es tiempo de contar qué sucede, cómo se siente, cómo lo pienso, cómo ocurre, cómo me duele. 
Recuerdo que a finales del 2019 (año pasado), cuando se escucharon las primeras campanadas anunciando la llegada del 2020 una idea vino a mi cabeza “todo va a cambiar”, fue una idea intensa que retumbó como un sentimiento en mi estomago “es un año de cambios”, quizá lo que me imaginé después de esa punzada en el estomago fue que era por mi idea de mudarme de casa, en cuanto empezó el año hice muchas cosas, si bien para muchos enero de este año fue eterno, a mi me permitió hacer lo que luego pospongo; desparasitarme,  hacerme unos análisis para chequeo general, ir al dentista por la limpieza, ir a la podologa, buscar trabajo, trabajar más de lo solicitado, hacer ejercicio diario, ir a misa, hacer yoga, buscar evitar complicaciones en mis relaciones, terminar de leer un libro, soltar… incluso llegué a decirle a una de mis amigas (Mónica) que tenía la sensación de haber hecho mucho en esos días. Justo antes de que terminara enero una de mis mejores amigas me compartió una noticia importante que significaba un cambio de vida para ella y su pareja, nuevamente se me vino a la mente ese pensamiento de inicio de año “todo va a cambiar”, pero no me atreví a decirle nada por no preocuparla, porque no sabía ni siquiera qué puede significar que “todo va cambiar”, para ser sincera en ese momento también me decepcioné un poco de mí, porque pensé que quizá ese “sentimiento” de cambio no me involucraba a mi.
En febrero, una de mis amigas más queridas murió, cáncer, era las niña más bonita de mi secundaría, me sorprendió a los 17 años cuando quedó embarazada de su novio ¡Gemelos!, ella estaba exultante, yo incrédula de cómo alguien podría estar tan feliz de estar embarazada a los 17 años, el día que me enteré de su muerte me sentí tan tranquila de saber que había sido una mujer plena, una madre y esposa amorosa, entendí que su vida así tenía que ser, entendí porqué a sus 17 años estaba tan feliz de estar embarazada, su vida fue corta, pero la hizo muy feliz. 
En febrero también llegó uno de los proyectos profesionales más lindos de mi vida, mientras terminaba una relación laboral en la que me quedaron a deber mi última semana, pero no me importó porque estaba siendo feliz, a principios de marzo el proyecto fue un hecho, y yo me sentí exultante.
Después de eso, tuve que empezar a buscar dónde vivir, porque las circunstancias por fin se dieron, soñé dos veces con mi amiga fallecida, en ambos sueños insinuó que quizá la vería pronto. El COVID19 ya estaba en México, hoy no sé lo qué vaya a pasar, no sé cuánto tiempo más pase para ver a mi familia, no sé qué pasará con el tema laboral, sólo se me viene a la mente una frase que me eriza la piel sólo de saber que la pensé muy temprano al inicio de este año “todo va a cambiar”. Un día de estos, ya en abril, recibí dos conversaciones de whatsapp de dos personas que quiero y me quieren mucho, ambos preocupados por mí, tuve miedo de que supieran algo que yo no, cómo si supieran que algo iba a pasarme y yo aún no estuviera enterada, ese día me puse ansiosa, pero me calmé al día siguiente, por ahora me pregunto, exactamente cuál de ese “todo” que va a cambiar me va afectar - influir.

¡2020 que lección! (y apenas es abril, quizá por eso mi premura por hacer muchas cosas en enero, cosas que quizá para muchos son comunes y que yo luego distribuyo en meses).
Bienvenido el cambio, sólo el universo y Dios saben porqué y para qué necesitamos este cambio. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS. 



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