Días o noches en los que me siento extrajera en cualquier lugar, sin ancla,
sin respaldo, sin nada, sola pues, ese sábado en que se te revela todo y
entonces entiendes que desde chica te ha costado encajar, porque la gente a tu alrededor
no acepta la locura como una forma de vida y te parece aburrido y triste.
Ya ni sé en qué espacio podría sentirme en mi hogar, entonces
recuerdo cómo para alguien tan lindo es fácil sentirse en su hogar…
“Ya aquí en el hogar”, mencionas con tanta confianza y
seguridad, que me despierta la curiosidad de conocer cómo es ese espacio al que
llamas hogar, que niño tan bonito has resultado a la distancia, yo siempre me
enamoro a la distancia, de lo que no puedo tocar, quizá porque me da miedo que
eso tangible se termine, así que mejor no comenzar.
Pero aquí estoy perdida en la redacción, al menos con las
letras me siento cobijada, y me consuelo con la música imaginando que viajo en
carretera entre montañas y barrancos y nubes coquetas.
Me siento prisionera, sofocada, quiero llorar, quiero
sentirme parte de algo, de alguien, no hay, lo peor es que esta vez ni una
barra de chocolate me puedo comer, y como se me antoja una, ahora que necesito
un poco de dulce en mi vida, porque traigo un amargo atravesado en el pecho que
se siente mal.
Quiero vivir, y creo eso hago, pero estos baches me hacen
pensar si es el camino correcto, si estoy haciendo bien en esperar o si como
siempre debo salir corriendo hacia mi libertad, tranquilidad y eso que me haga
sentir feliz o por lo menos tranquila.
He tratado de no ser atrabancada, pero la neta me muero de
hacer una locura, sacar todos lo vicios y convivir con ellos esta noche, que me
maten de una vez para morir feliz aunque se me acabe el tiempo, luego
reflexionó creo que debo tener más paciencia, más, mucho más.
Sábado por la noche, lo que daría por una noche lluviosa,
mis vicios y esa plática genial, ¿por qué no?, hasta un beso y esas miradas a
las que una simplemente no se puede resistir…
#Noches
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